Una primera solución

Textos: Dr. Antonio Moreno González

Buscando una solución a la inadmisible catástrofe ultravioleta, Max Planck (1858-1947) se vio obligado a proponer la hipótesis de los quanta , lo que suponía atribuir carácter discontinuo a la radiación emitida y absorbida, abriendo - muy a su pesar - una brecha irreparable en los fundamentos clásicos de la física presididos por la convicción en que "la naturaleza no hace saltos". Tal fue su propio asombro que en la exposición de sus ideas ante la Sociedad de Física de Berlín, confesaba: "Todo este asunto puede resumirse en tres palabras: un acto desesperado". Porque me he alejado de la naturaleza con plena conciencia... Pero era preciso encontrar a cualquier precio una interpretación teórica... Los dos principios de la termodinámica me han parecido ser los únicos dignos de conservarse en cualquier circunstancia, pero por otra parte he tenido que sacrificar no importa cuales de mis convicciones anteriores".

Planck, en los comienzos de su carrera, compartía las ideas antiatomistas. En su tesis doctoral, leída en 1879, año del nacimiento de Einstein - con el tiempo, ambos, se profesaron admiración y amistad incondicional - se opone a la hipótesis atómica de la materia alegando que contradecía el principio de conservación de la energía: "No obstante el éxito tenido hasta ahora, la teoría atómica - escribe - acabará por ser abandonada a favor de la hipótesis de la continuidad de la materia". ¡Quién le iba a decir que no sólo habría de admitir la discontinuidad de la materia, sino que él mismo propondría la discontinuidad de la energía!

Del "cuanto" se desembocó en la mecánica cuántica, de la que   el principio de indeterminación de Heisenberg es la piedra angular de las incertidumbres en las medidas de las magnitudes observables, principio al que Albert Einstein estuvo enfrentado de por vida.

 

einstein_con_plank

Max Planck (1858 - 1947) entrega la medalla que lleva su nombre a Albert Einstein, 1929